Todas las características propias del cerdo ibérico se deben a la admirable adaptación que este ha tenido con el medio donde se ha desarrollado, llegando a tener un acoplamiento tan íntimo con el, que ha modificado su identidad individual, hasta constituir un binomio indisoluble del que dependen todas sus generosas cualidades.
La dehesa es un ecosistema único en el mundo, de un alto valor ecológico. La hierba, los árboles, los pájaros, los pequeños roedores, lagartos, jabalíes, ciervos y cerdos ibéricos son afirmaciones vivas de especies ligadas por su hábitat milenario en el que nacen, encuentran su sustento y se reproducen.
La dehesa es el único ecosistema en el que la mano del hombre se confabula con la naturaleza para preservarla.
Las bellotas, fruto de las encinas, alcornoques y quejigos, constituyen el principal aporte energético y el plato más exquisito para el cerdo Ibérico, especie íntimamente ligada al entorno de la dehesa y sin el cual no tendría futuro.
España posee casi la mitad de la superficie mundial de encinar. Hablamos de un total de 1.600.000 hectáreas distribuidas en Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha y Castilla León.
Badajoz 520.000 hectáreas
Cáceres 420.000 hectáreas
Córdoba 267.000 hectáreas
Huelva 211.000 hectáreas
Ciudad Real 191.000 hectáreas
Sevilla 169.000 hectáreas
Salamanca 133.000 hectáreas
Toledo 123.000 hectáreas
Con menos de 100.000 hectáreas estaría Jaén, Granada, Cádiz, Málaga y Avila.